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Las mujeres herederas de los Tachuelas

Miércoles, octubre 10th, 2012 | Clasificado en Actualidad | Publicado por

Las Mujeres del Circo Los TachuelasContra todas las críticas, aseguran que no hay ocaso del circo tradicional. Tres mujeres forman parte del legado de “Los Tachuelas” y hablan sobre su vida itinerante y hacen aquí una defensa férrea de su tradición circense ante las nuevas tendencias. “Hay mucho prejuicio, discriminación. Dicen que somos pobres, que tratamos mal a los animales. Ignorancia es la palabra exacta. El problema es que no hay cultura circense”, dice el líder del clan.

Son las 14:30 de un viernes. El sol pega fuerte, pero bajo la carpa rosada con amarillo está templado. La función comienza en media hora y el tipo que atiende el puesto de churros recién prende la luz; los de hot dog y souvenirs están apagados. No hay ruido, no hay gente.

Algunos duermen, otros almuerzan, otros vitrinean en el Mall Plaza Oeste, que queda a un costado de este sitio eriazo donde se levanta la carpa en plena comuna de Cerrillos. Con cada minuto que pasa, empieza a salir más gente de las casas rodantes que están unas pegadas a otras; se escuchan nombres y palabras sueltas: Gastón, mamá, la malla. Son las 14:45 y Elsita Maluenda, 20 años, la hija menor de Joaquín Gastón Maluenda, más conocido como el “Tachuela Grande”, dueño del circo “Los Tachuelas”, se sube a la parte de atrás de un camión, que se camufla entre las casetas ovaladas y sirve para vestirse y maquillarse. En las paredes cuelgan unos zapatos, sombreros, trajes, espejos y una cortina permite la privacidad en esta especie de camarín.

Elsita, morena, alta, usa un polerón y polera rosada, unos aros grandes con plumas del mismo color y unos anteojos Ray-Ban con brillos. Con sus uñas largas pintadas mitad naranja mitad rosado en diagonal, saca su set de maquillaje y se sienta sobre una silla plástica. Se quita los anteojos y sujeta un espejo con la punta rota mientras se pinta la boca fucsia y luego los ojos amarillo, naranjo, negro. Dice que ella se maquilla sola desde niña y que en la caja sobre sus piernas no están todas sus pinturas, que con el tiempo ya tiene definidos sus colores favoritos. Después, las infaltables pestañas postizas. Cierra la cortina.

En su casa rodante, Daniela Díaz Maluenda, 19 años, prima de Elsita, también tiene su maleta con cosméticos. Mientras tres poodle toy saltan y ladran a su alrededor, ella se delinea los labios. Usa unos jeans que resaltan su figura esbelta y bien proporcionada, y el maquillaje destaca su tez blanca y nariz respingada. Prepara sus plumas para la primera aparición y más adelante sacará una peluca rubia y un vestido blanco.

Las Mujeres del Circo Los TachuelasSon pasadas las tres -hora de la función- y recién se escucha bulla dentro de la carpa, se ven unos pequeños ponis en fila a lo lejos, unas mujeres se suben a la parte de atrás del camión donde está Elsita y niños disfrazados de payasos juegan sobre la tierra rocosa. Entonces Nubia, 29 años, hermana de Elsita -las únicas mujeres entre cinco hermanos-, con ropa de calle aún, camina rápido hacia su casilla. Se arreglará sólo para salir al inicio de la función, junto a toda la familia, y no volverá a aparecer en escena hoy: tiene dos meses de embarazo. Pero esa no es la única razón de su distanciamiento.

Se escucha una voz varonil por los parlantes y de un segundo para otro todos los artistas, como si hubiesen estado escondidos, corren hacia atrás de bambalinas, donde hay un King Kong mecánico de doce metros, una jaula con dos dromedarios y más afuera otra con unos tigres, que caminan de un lado para otro.

Entonces la adrenalina aumenta, los movimientos son rápidos, unas se arreglan la malla, otras las plumas, los brillos, uno que otro estiramiento de brazos, y salen todos disparados por la cortina. La música y los aplausos se escuchan ahora. Las tres artistas ponen una mano en su cintura y saludan con la otra. Son las mujeres que continuarán la historia de Los Tachuelas.

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El 23 de septiembre pasado, Wesley Souza, trapecista brasileño de este circo, cayó del trapecio, rebotó en la red y terminó en las butacas. Mientras llegaba la ambulancia, le dijo a su esposa: “Renata, el Gastón no me va a dejar subir más a los trapecios”. Esa era su preocupación, según cuentan quienes lo escucharon.

-Es un accidente que le podría haber pasado a cualquiera. Lo tomaron como algo demasiado grave; son cosas que siempre pasan en esta profesión. Pero es algo que uno elige, nadie te está obligando, y tú sabes que hay riesgo -dice Daniela.

La misma opinión tienen sus primas y su tío. Lo que más les molesta es que se haga bulla de algo que no amerita y que todos opinen sobre algo que no saben.

-¿Tienen la seguridad necesaria para los artistas?

-Cómo no vamos a tener la     seguridad si tenemos los recursos. Acá hay mucha ignorancia. La ministra Matthei dice que él se cayó porque la red estaba muy templada. No tenía idea de que la ministra era trapecista -dice riendo Joaquín Gastón Maluenda.

Pero al mismo tiempo, asegura que no le gusta que sus hijas hagan números de alto riesgo. Ninguna de las tres ha sufrido un accidente.

Elsita, con la mirada oculta tras sus gafas Ray-Ban, aunque ahora ya no hay un rayo de sol, asegura que son los mismos trapecistas quienes colocan la red y que no son diez metros de altura sino cinco. Que lo de Wesley fue mala suerte.

La Dirección del Trabajo decidió la suspensión de las funciones del circo y una multa de 80 UTM por problemas en las instalaciones eléctricas, falta de extintores y de baños, y trabajadores sin contrato. En el circo no estaban de acuerdo con la multa. “Ya se regularizó todo porque eran detalles”, dice Nubia. El cierre del circo no duró más de cinco días.  Para Gastón Maluenda, “es el costo que tenemos que pagar por ser los más conocidos”.

-¿Existe prejuicio hacia el circo?

-Mucho prejuicio, discriminación. Dicen que somos pobres, que tratamos mal a los animales. Ignorancia es la palabra exacta. El problema es que no hay cultura circense -alega Gastón Maluenda.

Otra de las críticas que recae sobre el circo tradicional proviene de los animalistas. Los Tachuelas es uno de los pocos circos que todavía tiene animales. Pero afirman que a futuro no tendrán más.

-¿Entonces está de acuerdo con que el circo debe ser sin animales?

-No es que esté de acuerdo, sino que uno tiene que ir adecuándose a los nuevos tiempos. También es un costo andar llevándolos y estar siendo fiscalizados permanentemente -agrega Gastón.

Nubia lamenta que se pierda tradición.

-Pero tienen unos tigres encerrados en una jaula.

-Nosotros queremos a los animales, aquí está todo regido bajo las normas del SAG. Las jaulas vienen acondicionadas. Estos tigres son de cautiverio, entonces no saben que no es su hábitat natural.

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Las Mujeres del Circo Los TachuelasDesde que tienen memoria, Elsita María -primer nombre de la abuela paterna y segundo de la materna-, Nubia -nombre de su madre- y Daniela escuchan los vítores del público. Elsita y Daniela, por tener casi la misma edad, crecieron juntas y recuerdan que desde los tres años que entraban a la pista vestidas de payasas junto a sus otras primas. “La sangre te tira. Yo nací en el circo y desde chica vi a mis papás maquillándose y saliendo a la pista”, cuenta Elsita, la única de sus hermanos que hoy vive con sus padres, y por eso es la consentida.  “Para nosotros no es obligación ser del circo. Si tú amas el circo, vas a estar aquí siempre, vas a hacer tu familia aquí, todo”. Aunque admite que tal vez, más adelante, le gustaría estudiar algo, “para que después la gente no te diga cosas”.

Daniela, la más bonita del circo según su tío, dice que nunca ha pensado en hacer otra cosa: “Te inculcan desde chica que una es de circo, de tradición familia”.

El circo de Los Tachuelas hoy está formado por siete generaciones del clan Maluenda y todos viven en función de éste: alrededor de las carpas, decenas de casas rodantes -casetas que parecen un departamento- se estacionan por uno o dos meses y hacen su vida diaria ahí, mientras dura la temporada. Después, se irán de gira al norte o al sur de Chile. Luego descansarán un mes en su parcela de La Pintana, y de regreso a la vida itinerante.

A medida que fueron creciendo, las integraron a los bailes, y a los 13 años empezaron a practicar su propio número. Daniela y Elsita se dedicaron a la cuerda marina, una cuerda que se cuelga a cinco o seis metros de altura donde ellas hacen acrobacias. Significaba entrenar todos los días, por lo menos unas dos horas, y a los dos meses ya estuvieron listas para hacer su debut. Aunque también aprendió otras disciplinas aéreas como la tela y el aro, en el show de esta temporada, además de los bailes, Elsita se enrolla una parte de la cuerda en el pie y realiza su número en el aire mientras aparece el King Kong de doce metros.

En la mano del animal mecánico está Daniela con un micrófono, una peluca rubia y un vestido blanco, cual Marilyn Monroe, haciendo el papel de la enamorada de King Kong. Ahora está dedicada más al teatro y el baile, pues hace cinco años le diagnosticaron un problema a la tiroides que le provocó mareos. Ya no hace números aéreos.

Para Nubia, el proceso fue más lento. Al ser diez años mayor que su hermana y su prima, perteneció a otra generación. Como la primera hija mujer del Tachuela Grande, desde niña le ponían los mismos vestidos que a las más grandes, pero en versión mini.  A los 13 era payasa o usaba disfraces. A los 18 empezó con acrobacias aéreas y se dedicó a la red -una malla colgante que se saca de un lado y cuando se enrolla queda como una larva-.

-No es obligación que ellas pertenezcan al circo -asegura el líder del clan, Gastón Maluenda-. Esos tiempos ya pasaron. Antiguamente era a la fuerza. Ahora no. Mi deber es apoyarlos en cualquier decisión que tomen. Mis hijos recién se metieron de lleno al circo a los 13 años, para mí es importante que estudien.

Todas fueron al colegio. En los tiempos de Nubia, sus padres la dejaron con la abuela hasta que terminara la enseñanza básica. Los fines de semana iba al circo y a veces faltaba a clases. Elsita y Daniela  asistían a colegios municipales en cada región que iban de gira.

Elsita aún se ríe cuando recuerda las preguntas que sus compañeros le hacían cada vez: ¿Cómo duermen? ¿Y cómo van al baño? “Piensan que somos unos extraterrestres”. La vida nómade nunca les incomodó, todo lo contrario: dicen que es una suerte, que conocen todo Chile, que es como trabajar y vacacionar a la vez.

Las tres concuerdan en que no les envidian nada a los “de afuera” -como les dicen a quienes no son de circo-: pueden acostarse y levantarse tarde, no tienen que estudiar ni encerrarse en una oficina.

A pesar de que salen a la pista desde niñas y el entrenamiento duro empieza en la adolescencia, para ellas no es sacrificado. Eliana, la hija de seis años de Nubia, hace un número en la cama elástica, y su madre dice que para ella es como un juego: “El peor castigo que le puedo dar es sacarla de la pista”.

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Circo Los TachuelasHace un par de décadas surgió una nueva manera de hacer circo: el que sigue la marca del Cirque du Soleil, donde se acentúa una estilización de la técnica fusionada con el teatro y la danza; no hay animales y los artistas no provienen necesariamente de una cuna circense, sino de escuelas.

-¿Qué significa para el circo tradicional este “nuevo circo”?

-Las escuelas que imparten circo son amateurs, ellos no son artistas circenses. No son profesionales -cuenta Gastón Maluenda.

Pero asegura que ellos no son una “ostra”. Lo respalda con la escuela de circo que tienen “Los Tachuelas” en La Pintana, donde enseñan el arte a los niños para que no caigan en la droga o la delincuencia.

-Entonces, ¿qué le molesta?

-Yo estoy en contra de los que vienen al circo sólo a lucrar. Sólo apoyo a los que vienen a aportar.

En cambio, para Daniela, el artista circense nace y no se hace:

-No se ve igual una persona que se integra de afuera al circo, que una persona nacida y criada dentro del circo. Se nota en la manera de expresarse en la pista, la personalidad, el desplante.

-¿El circo tradicional se ha visto opacado por el nuevo?

-El público no ha dejado de venir, las butacas (2.500) se llenan todos los días. Yo ahora tengo una carpa francesa, camiones nuevos. Me voy a Las Vegas, a Varadero. Ese dinero sale del público -dice Gastón Maluenda.

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Pero no sólo han cambiado los tiempos donde obligaban a los hijos a seguir la tradición circense. También la mentalidad de aceptar gente de afuera, que muestre real interés y dedicación. La historia de Nubia Maluenda intenta reflejar esto, aunque con unos giros.

Tenía 22 años cuando conoció a David, un bailarín que llegó a enseñar nuevas coreografías. Ella era una de las bailarinas. Al mes de conocerse se casaron. A él le ofrecieron un contrato en un circo extranjero y Nubia se fue con él a México. Su padre no la apoyó. “Me dijo de todo: que yo no lo conocía, que iba a abandonar a mi familia”. Después estuvo en Estados Unidos, donde nació su hija y dejó la pista.

A los dos años regresó a Chile, iba al circo de visita, pero su padre no quería nada con ella. Su hermano mayor recién había inaugurado un motel y le pidió a ella que lo administrara. Estuvo tres años ahí y aunque le iba bien, siempre añoraba volver al circo, con su familia. De a poco su padre volvió a cruzar palabras con ella, pero exclusivamente por la niña.

Tiempo después, en diciembre de 2010, su marido le ofreció irse a un circo más pequeño y Nubia accedió a ir a probar durante las vacaciones. Compraron una casa rodante y una camioneta. Pero cuando su padre se enteró de sus planes,  sin hablar del tema y nunca pedírselo directamente, de a poco él dejó que Nubia y David se insertaran nuevamente. Fue su hermano quien les dijo que llevaran su casilla para allá. Días después se fueron de gira con Los Tachuelas. Nubia no volvió con un número propio. Pesaba unos noventa kilos -un poco más que hoy- y se dedicó a la administración. El año pasado se animó a salir al inicio del show junto a la familia, pero aún no se atreve a entrar de lleno. “Es por un tema de estética. Son todas flacas en la pista”, dice Nubia.

Y es que la vanidad es un tema muy presente entre las mujeres del circo tradicional, según afirman Daniela y Elsita. Dicen que no hacen una dieta especial, que sólo comen sano y poca comida chatarra. “Nosotras somos bien vanidosas. Vamos súper producidas a las fiestas. Hay una competencia sana por quién se arregla más”, dice Elsita, al tiempo que saca de su cartera un iPhone rosado.

De niñas, las primas se ponían uñas postizas, se pintaban e iban a comprarse todo lo que pillaban al mall. En su pieza de la casa rodante, donde reinan los colores fuertes, Daniela tiene una colección de aros, pulseras, moños, plumas, trajes, más de 60 pares de zapatos. Incluso hay una competencia inconsciente por quién tiene mejor cuerpo: el año pasado, Daniela se puso implantes mamarios.

Otra cosa que a la que ya están acostumbradas, es al machismo. La mujer es quien se encarga de la casa, la que atiende al hombre. Casi no hay mujeres payasas o domadoras. Si su padre le pide el auto, Elsita no puede dar un “no” como respuesta. “Cuando mi hermana se casó con uno de afuera, mis hermanos no lo aceptaron mucho”, recuerda.

Daniela pololea hace siete años con un trapecista de otro circo -primo de su prima Elsita y también su concuñado pues sus hermanos están casados- y dentro de algunos años planean casarse. Ella tendría que dejar el circo de “Los Tachuelas”. “Cuando los de circo se casan, casi siempre son las mujeres las que siguen al marido”, dice Daniela.

Al Tachuela Grande lo que le importa es la continuación de su trabajo. Él levantó esta carpa y quiere que su familia siga con su historia y su legado. “Más que mi legado, ellas son parte de mi triunfo en la vida”, dice sobre sus hijas y sobrinas. En el caso de que Daniela se vaya, “ella va a echar mis raíces en otro lado y se va a expandir más. Orgulloso de haber entregado a una Maluenda que va a contribuir al desarrollo de otro circo”.

Y aunque la principal responsabilidad recaería en el hermano mayor, ellas igual se ponen la camiseta.

Luego de salir de la casa rodante de su madre, de haber hecho las cuentas, Nubia se sienta en una silla. Corre viento, ella está abrigada y algo preocupada por los mareos que le provoca el embarazo. “Hay que mantener su legado, seguir la tradición”, dice con las manos entrelazadas. “El circo es para toda la vida”.

“¿Cómo duermen? ¿cómo van al baño?, Piensan que somos unos extra-terrestres”, dice elsita.

“EL accidente
(del trapecista) le podría haber pasado a cualquiera. son cosas que siempre suceden en esta profesión”.

“No hay nuevo circo, para mí es lo mismo, el circo se adecua. Ellos no son artistas circenses. Yo vivo del circo todo el año”, dice Gastón.

“Somos bien vanidosas. Vamos súper producidas a las fiestas. Hay una competencia sana por quién se arregla más”, dicen.

Publicado originalmente en Revista YA