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Al principio la llamaron “la mujer más fea del mundo”, pero algunos científicos prefirieron ver en ella “el eslabón perdido” que buscaba Charles Darwin. Otros, simplemente, se referían a ella como la “la mujer mono”.

En el siglo XIX, Julia Pastrana se dedicó a recorrer los circos de los Estados Unidos, Canadá y Europa. Su mandíbula saliente y el vello grueso y negro que le cubría el cuerpo y la cara eran la gran atracción del momento. Poco importaba, por otro lado, que tuviera una voz dulce y que fuera capaz de moverse con ritmo a la hora de bailar. Esta mujer indígena, de 1,37 metros de estatura, era, sobre todo, un espectáculo y no tardó en sacarle partido el empresario que la mostró por medio mundo, quien después se convertiría en su marido, Theodore Lent.

Quizás este casamiento se concretó para que Lent pudiera manejar a su antojo la vida de la mujer. Pastrana, para contentarlo, dejaba a un lado su parte más femenina e intentaba destacar su papel de bicho raro, cantaba con un tono de mezzo-soprano y además tocaba la guitarra. Aunque no fuera su faceta más conocida, esta mujer era, además, muy inteligente, y se cree que era una lectora voraz además de dominar tres idiomas.

El marido de Pastrana, que no tenía problemas a la hora de aprovecharse de ella, no dudó en vender entradas de lo que sería considerado uno de los eventos del año: la mujer se había quedado embarazada durante una gira en Moscú.

En 1860 Pastrana dio a luz una criatura con sus rasgos físicos que apenas sobrevivió 35 horas. Ella falleció un par de días después. Lent, que de negocios sabía y de falta de escrúpulos también, embalsamó su cuerpo, el de su hijo y siguió haciendo giras para exhibir los cadáveres en los principales circos europeos. Su explotación se prolongó por más de un siglo.

Muerto el empresario, el cuerpo de Pastrana y de su hijo pasó de mano en mano hasta que en 1973 tuvo su último viaje por Suecia. Después, un noruego guardó sus restos en una caja, hasta que en 1979 la policía fue avisada de que unos niños habían encontrado un brazo momificado en un basural.

El maltratado cuerpo de Pastrana fue enviado entonces al Instituto de Medicina Forense, o lo que quedaba de ella: su cara estaba completamente arrugada y su cuerpo desnudo, sin casi pelo, se había deformado, porque cuando murió sus extremidades habían sido rellenadas para que no encogieran.

Según la ciencia, Pastrana sufrió hipertricosis generalizada congénita terminal con hiperplasia gingival, el primer caso que se conoce de este tipo. Durante toda su vida y aun después de su muerte había sido utilizada, pero entonces surgió una mujer que mostró interés genuino en ella: la artista Laura Anderson Barbata, que llegó a Oslo y comenzó a investigar sobre Pastrana. “Quería entender por qué mantenían a Julia en una especie de limbo”, cuenta la artista mexicana. “Ni era sujeto de investigación ni había sido enterrada”.

La artista pelea ahora con las autoridades noruegas para repatriar los restos de la indígena. “Quiero que Julia regrese a casa físicamente, enterrarla, también conceptualmente, en la memoria de la gente”, contó la artista al diario mexicano Reforma, que dará a conocer en un espectáculo multidisciplinario la vida de Pastrana.

Fuente Infocirco para las Noticias de LA LEONA………